martes, 18 de enero de 2011

Soy el capitán de mi alma

Al parecer, este poema victoriano escrito por Ernest Henley inspiró a Nelson Mandela en sus años de cárcel.

"Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino,
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma."

jueves, 13 de enero de 2011

Esta industria de aquí

Ahora que vienen los Goya aprovecho para publicar en este espacio un artículo escrito por Arturo Pérez-Reverte en el año 2003. Hace referencia a una campaña que hubo en ese año de apoyo al cine español, no sé si la recordarán. Por supuesto, comparto lo que comenta en el artículo Pérez-Reverte.

"Me han convencido, pardiez. Me refiero a los anuncios de apoyo al cine español que han puesto en la tele, choteándose del que se hace en los Estados Unidos. También a las declaraciones de ciertos productores cinematográficos –la industria, se llaman a sí mismos- afirmando que hay que educar a los espectadores, que nuestro cine es mejor, y que parece mentira que, con los pedazo de películas que hacemos aquí, la estúpida chusma no acuda en masa a la taquilla, y en cambio se infle a canales digitales y deuvedés, o haga cola en los estrenos de Hollywood, hay que joderse, toda esa competencia desleal e inexplicable, incluidos los moros y los negros manta, rediós, una conjuración de Venecia que te vas de vareta, oye, todos contra el buen y sólido cine español. Acogotadito lo tienen, a pesar de su calidad y su tronío. Y claro, dicen. El espectador, que es tonto del nabo, salvo en carambolas como Los lunes al sol o Mortadelo y Filemón, se deja engañar por estafadores tipo Peter Weir o Ridley Scout en vez de precipitarse a las butacas cuando estrenan Fulano o Mengano –disculpen que eluda nombres, pero insultar me da mucha risa, y toso-. La solución, naturalmente, es que el Estado y las televisiones suelten más subvenciones y más pasta. Todo cristo, ojo, menos los productores de cine. Porque es sabido que en España ningún productor importante arriesga un duro propio. Hasta ahí podíamos llegar. Una cosa es ser industria y pasar de paria a comprarte chalets en San Apapucio de la Infanta, y otra es ser gilipollas. No te fastidia.

Así que estoy con ellos, lo mismo que con algunos imprescindibles directores nuestros que sólo pueden oponer el noble argumento de su pata negra auténtica, española, a la brutal ofensiva del cutre cine norteamericano. Esos guiris son vulgares mercenarios que se limitan a contar una historia de forma eficaz, ajenos a los delicados matices artesanos del cine que hacemos aquí, al contenido filosófico, a la cultura, a nuestra hilarante capacidad para filmar comedias que envidiaría Billy Wilder. Sin contar con que Hollywood juega con sucia ventaja. Allí hay guionistas que escriben guiones, y actores que cuando dicen algo te lo crees, y hasta el niño de los Soprano, que no abre la boca, parece un actor. Y claro, así hace cine cualquiera. El mérito es hacer cine sin guión y sin actores, como lo hacemos aquí. Porque el cine de verdad se hace con un productor con cuartelillo en las teles y en el ministerio, con un director que –a ser posible- se la succione al Pepé, al PSOE o a quien mande, y con actores naturales como la vida misma, no maleados por las escuelas de interpretación, el teatro o la experiencia: gente que farfulla con la misma frescura y naturalidad que se utiliza en la puta calle, y a la que da lo mismo que te creas o no, porque lo que cuenta es que sepan decir: oye tía, paso de ti, con espontaneidad honesta.

También, volviendo a la industria, comprendo que ser productor de películas fascinantes e incomprendidas lleva sus gastos. La culpa la tienen el Estado y las televisiones, que llevan la tira financiando doscientas obras maestras cada año, y ahora se rajan. O sea, que te acostumbran a tirar con pólvora del rey, y de pronto llegan los aguafiestas locales y dicen: chaval, se acabó el rollo, o sea, ya no hay más viruta para que hagas arte y de paso te pagues las letras del yate y el estirado de pellejos de tu pava. Ya sé que todos los críticos –los de aquí- ponen tus películas de cinco estrellas para arriba. También sé que has producido la versión neohistóricaporno de Rosario la Cortijera dirigida por Vicente Aranda, el apasionante drama psicológico Pásame la sal, cariño, o la desternillante comedia Al sur del oro y el moro de Moscú, esta última nada menos que con Andrés Pajares. Sí. El cine español está en deuda contigo, colega. Una deuda que te cagas. Por eso te dimos once estatuillas y un beso de Paz Vega en la gala de los Goya. Pero la teta no da más leche. ¿Captas? Treinta y seis espectadores no justifican los seiscientos kilos que te endiñamos por cada una. Así que chao, Cecilbedemille.

Eso es lo que te dicen ahora. Y claro, te hunden el negocio. Perdón. La industria."


Pues eso.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sobre el proceso creativo


"El ruido en el mundo de la fotografía es tan ensordecedor que apenas nos deja escuchar nuestra propia voz interior. Y es esa voz la única que nos puede ayudar cuando nos preguntamos qué camino seguir.

A menudo, el artista joven necesita construir con antelación un andamiaje conceptual sobre el que edificar su obra. Solemos olvidar que las cosas se averiguan haciéndolas y el discurso se genera después de una repetición constante y prolongada de puro trabajo. Es la obra la que nos dice quiénes somos nosotros y no al revés. Se trata de ir retirando capas de ideas preconcebidas para dejar al descubierto nuestras inquietudes más hondas.

Parece como si tuviéramos que saber siempre adonde vamos. Propongo rebajar un poco esa exigencia y dedicarnos unos días a reflexionar, a tomar notas de nuestra propia memoria, a averiguar las cosas que nos hacen vibrar. El proceso creativo es una sensación de trance más o menos prolongado en el que uno busca materializar algo que cree haber intuido previamente dentro de sí. Esa búsqueda es la que verdaderamente importa, la que construye nuestra mirada y desvela nuestra propia voz.

Es el proceso lo que hace madurar a un autor; la obra es el resultado de esa transformación."

Texto y fotografía de Matías Costa (Buenos Aires, 1973)

lunes, 27 de diciembre de 2010

MAD-NYC


Bien, ya he vuelto de Nueva York. He conocido por fin esta gran ciudad y he entendido aún más la fuerza del cine, de la fotografía, de la literatura. La grandiosidad y la fama de esta ciudad provienen de creaciones de gente que la adoraba y quería contárselo a todo el mundo. Pienso que fueron personas que quisieron embellecer el lugar en el que vivían o trabajaban, y convertirlo en la ciudad más deseada, quizás con el objetivo de creer, para no sentirse tan solos y tan poco afortunados en sus calles, que habitaban la mejor ciudad del planeta. Porque, objetivamente, la ciudad de Nueva York no es bonita. Ni mucho menos la mejor ciudad del planeta, sea cual sea la escala que se utilice para atribuirle a una ciudad tal título. Para describir esta ciudad es necesario entender primero porqué, a pesar de no ser una ciudad bonita, puede ser tan atractiva y tan deseada. ¿Qué hay allí que atrae a gente de cualquier cultura? Por supuesto, no tengo la menor idea pero creo que está relacionado con la energía que fluye por toda la ciudad. Es un lugar dinámico, en el que te entran ganas de quedarte, de hacer cosas, de triunfar.

Me he sentido cómodo en sus calles. Ha habido barrios que me han encantado (Soho, Greenwich Village, West Village, Williamsburg Bridge and Brooklyn), otros me han resultado indiferentes (Upper East Side, Upper West Side, Wall Street), incluso alguno me ha provocado rechazo (Chinatown). Y como casi siempre, no han sido sus atracciones turísticas lo que más ha llamado mi atención. Me refiero a que ver la Estatua de la Libertad, el Rockefeller Center, Brooklyn Bridge, Times Square o subir al Empire State Building no es, bajo mi punto de vista, lo más atractivo de esta ciudad. Ni siquiera los rascacielos. Como era de esperar, pensaba que serían más altos. Lo que me ha gustado ha sido el ambiente que se respiraba en zonas como Greenwich Village, Hudson Street, Union Square, Art Galleries District or Tribeca. Y en el metro, claro. El ambiente que se respiraba en el metro, generador de un millón de imágenes por segundo.

Así como la ciudad ha sido tal y como esperaba, las imágenes correspondientes a esta etapa del proyecto lomográfico, sí que han superado mis expectativas. A falta de palabras más concretas, creo que el proyecto va por el camino perfecto. He obtenido mejores imágenes que las que esperaba pero manteniendo la idea, la esencia de lo que quería conseguir. Ahora mismo he mezclado imágenes de Madrid con Barcelona, Londres y Nueva York. Y no es posible confundir unas con otras. Las tres combinaciones mantienen el factor común de Madrid, pero en la mezcla con las imágenes de las otras ciudades, encuentro el ambiente que se respira en cada una de ellas. O al menos, el que yo he sentido allí.

Así que este proyecto se acerca a su fin. Ya sólo me queda mezclar fotografías de Madrid con Madrid, y cerrar así el círculo. Finalmente, quedaría escoger las mejores de cada combinación, para un total de 20, 24 o 28 fotos, y preparar el acabado para un portfolio y para una exposición, y dar a conocer el trabajo completo a todo el que lo quiera ver. En realidad, para eso está creado, para que la gente lo vea y opine. Aunque siempre nos dé cierto pánico enseñar lo que hacemos. De momento, otro adelanto. La imagen que veis al inicio del texto la considero la más representativa de esta parte que relaciona a Madrid con Nueva York.

Como apunte final, aunque sé de sobra que no es necesario elegir, y que me gustaría mucho, mucho, mucho vivir y trabajar una temporada en Nueva York, sigo quedándome con Londres. ¿Por qué? No estoy seguro, pero no tengo la menor duda.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Happy birthday, Mr Allen!!


Hoy es el cumpleaños del gran Woody Allen, quizás el cineasta al que más admiro. Así que no hay mejor día que este para recordar algunas citas extraídas de sus películas. Disfrútenlas, son maravillosas.

"La vida está dividida entre lo horrible y lo miserable" (Annie Hall, 1977)

"No me aceptaron en el ejército, fui declarado inutilísimo. Sí, en caso de guerra sólo podría ser prisionero" (Annie Hall, 1977)

"No puedo escuchar mucho a Wagner porque me entran ganas de invadir Polonia" (Manhattan murder mystery, 1993)

“Podría, fácilmente, darle diez razones diferentes para matar a cien personas cada día. Pero somos adultos, dejemos que lo hagan los abogados por nosotros.” (Manhattan murder mystery, 1993)

"Yo estoy chapado a la antigua, no creo en las relaciones extramatrimoniales. La gente debería aparearse para siempre como las palomas... o como los católicos" (Manhattan, 1979)

"El matrimonio es el fin de la esperanza" (Midsummer Night's Sex Comedy, 1982)

"¿Conocen este chiste? Dos mujeres de edad en un hotel de alta montaña comentan una a la otra, "¡vaya, aquí la comida es realmente terrible!", y contesta la otra, "¡y además las raciones son tan pequeñas!". Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y sin embargo se acaba demasiado deprisa.” (Annie Hall, 1977)

"El sexo alivia la tensión. El amor la aumenta." (Midsummer Night's Sex Comedy, 1982)


Y que cumpla usted muchos más.

viernes, 19 de noviembre de 2010

New York again



En lo que va de año he leído al menos tres libros con la ciudad de New York como tema central. Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina; Historias de Nueva York, de Enric González y Esto es Nueva York, de E.B. White. Incluso he leído alguno de los poemas de Walt Whitman. Todas estas lecturas me han servido para entender un poco más a los neoyorquinos. Ahora ya sé que fue una ciudad fundada por holandeses en 1623 inicialmente llamada Nueva Ámsterdam (por esta razón la bandera de la ciudad tiene los mismos colores que la de Holanda), lo que significa Manhattan o la palabra Knicks que completa el nombre del equipo de baloncesto de la ciudad. Y algo muy importante: sé donde comer las mejores hamburguesas de la ciudad.

Tengo una curiosidad tan grande por conocer Nueva York que quiero saberlo todo sobre ella aún admitiendo que es misión imposible. Pero quiero entender la ciudad y la vida de la gente que la habita en los días que conviviré con ellos. En realidad, siempre he pensado que para hacer buenas fotografías en un destino al que no has ido nunca lo principal es informarte sobre la historia del lugar y las costumbres de sus gentes, para entender los detalles. Es la clave, saber ver los detalles para hacer buenas fotografías. Recopilando previamente información llevas ciertas imágenes en tu cabeza que es más que probable que te encuentres, por lo que no te pillará de sorpresa una situación y uno será capaz de estar siempre preparado.

Volviendo a los libros que he leído sobre Nueva York, llama la atención que todos coincidan en que hace falta suerte para sobrevivir en esta ciudad. Aunque lo que más me sorprendió fue que E.B.White, en el año 1949, vaticinara el ataque que sufrió la ciudad en el año 2001, incluyendo que éste sería aéreo: “La ciudad, por primera vez en su larga historia, se ha vuelto vulnerable. Una escuadrilla de aviones poco mayor que una bandada de gansos podría poner fin rápidamente a esta isla de fantasía y quemar las torres…”.

Para despedirme, comentar la fotografía que acompaña este texto. Esta vez es una imagen de Andreas Feininger (1906-1999), fotógrafo americano de origen alemán, en la que se pueden ver las vías de esos trenes elevados que ya no existen en la ciudad actual. Esto es un símbolo, al igual que las torres gemelas, de lo que es Nueva York. Una ciudad a la vez eterna y efímera, vulnerable e inmortal. Única.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Adiós Mr. Berlanga



Hoy me he despertado con la noticia de la muerte de Luís García Berlanga a los 89 años y no esperaba que mi reacción fuera sentir un escalofrío por todo mi cuerpo, ni tener la piel de gallina durante unos segundos. Mi reacción me ha sorprendido porque, aunque es verdad que he disfrutado y admirado las películas de este director, nunca llegué a considerarle uno de mis favoritos. Pero supongo que, de repente, me habrán venido a la cabeza imágenes de Bienvenido Mr. Marshall, Plácido, El Verdugo, La Escopeta Nacional o La Vaquilla, por hacer un rápido resumen de su filmografía, y habré sentido a la vez todo lo que disfruté viéndolas.

Recuerdo escuchar el nombre de Berlanga desde que tengo uso de razón. Berlanga es el mejor cronista cinematográfico de la realidad cotidiana. Inventó un género, un estilo único y característico basado en retratar las miserias, los sueños y las decepciones de la sociedad española, especialmente de la clase media. Todo lo hizo con ironía y cariño, al principio con el apoyo de Miguel Mihura, más adelante y para siempre, con Rafael Azcona. Berlanga es tan importante dentro de la historia de nuestro cine y de la cultura española en general, que incluso dejó huella en el lenguaje mismo. Dos palabras derivan de su apellido. Una, berlanguita, hace referencia a una pequeña grúa donde montar la cámara y a un operador, tan presente en sus rodajes que adquirió su nombre. Y dos, berlanguiano/a, que ha trascendido el uso cinematográfico para incorporarse al vocabulario de cualquier persona que quiera describir situaciones esperpénticas y caóticas, en un entorno coral en el que los personajes se ponen en evidencia. Es decir, un retrato fiel de la vida de este país que supo ver en la realidad y llevar a su cine con una maestría equivalente a la que tuvieron Quevedo o Valle Inclán con las letras para diseccionar la personalidad del pueblo español, haciéndonos ver que no cambiamos por mucho que pasen los siglos.

El maestro Berlanga se ha ido de verdad. O no del todo, porque ya sabemos que la magia del cine incluye la inmortalidad. Desde aquí mi pequeño recuerdo a un director que ya era leyenda en vida. En su honor y como sentido homenaje, me voy inmediatamente a ver El Verdugo y La Escopeta Nacional, para volver a sonreir en cada secuencia y cuando escuche de nuevo el imperio austrohúngaro. Descanse en paz, señor Berlanga.