viernes, 4 de febrero de 2011

Mi primera foto en Nueva York


Lo primero que hicimos el primer día al salir del hotel fue buscar un lugar para desayunar. Estaba lloviendo ligeramente y hacía frío, nada hacía pensar que apenas una hora después caería sobre nosotros el diluvio universal. Caminamos unos minutos hasta encontrar un local pequeñito a unas dos calles del hotel, donde encontramos café espresso y croissants. El mostrador ya estaba rebosante de pizzas recién hechas. Resultó ser un sitio regentado por mexicanos, como la mayoría de locales de pizzas que nos encontramos. Después de pedir, nos sentamos en la barra que había pegada a la pared, y yo me quedé de espaldas a la puerta. Hasta ese momento, debido al hambre y al frío, no había considerado la posibilidad de hacer una foto allí. Pero llegó un momento en el que, mientras me bebía el café, me di cuenta de que en el frigorífico de refrescos se veía el reflejo de la calle a través de la puerta del local, en el mismo instante que una persona pasaba por allí. Enseguida intuí que allí había una foto, y de las que me gustan. Le pedí a Isa que me cambiara el sitio para quedar de frente al exterior. Saqué mi cámara y miré por el visor hacia la puerta de entrada hasta que encontré un encuadre que me gustara. Ya sólo quedaba esperar con la cámara en el ojo a que pasara alguien y disparar. Hice únicamente dos disparos en los que sólo cambiaba la figura que pasaba por la calle. Técnicamente, la imagen de arriba es el segundo disparo, pero yo la considero mi primera foto en Nueva York.

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